Cuentos del Cosmos: La curiosidad no mató al sagaz – El Tiempo

La expresión flamante era «la tristeza mató al sagaz».

Cuando nos dicen que la curiosidad mató al sagaz, entendemos que nos están advirtiendo de los peligros de la curiosidad y, en cierto modo, poniendonos una barrera para que dejemos de preguntarnos por lo que nos mueve. Si la ciencia se guiara por la famosa expresión, ciertamente habría fracasado.

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La devoción a la ciencia es igual a la curiosidad. La curiosidad científica es el principal motor que nos impulsa a comprender poco de la naturaleza, poco no conocido ni comprendido pero irresoluto de ser descubierto y comprendido.

Es la misma curiosidad que nos acompaña muy de cerca en las primeras etapas de la vida, cuando recibimos nuevos estímulos en la primera infancia y nos lanzamos a explorar un mundo que se abre en presencia de nuestra observación perpleja. Somos observadores por naturaleza y esta es una de las herramientas más importantes que podemos utilizar para memorizar y pescar las habilidades básicas de interacción con el entorno. A medida que crecemos parece que perdemos un poco esa curiosidad innata.

(Igualmente: Miura 1, el cohete fue fabricado 100% en España, esta es su momento de dispersión).

Satisfacer la curiosidad requiere tiempo y esfuerzo; Por lo tanto, la investigación básica requiere paciencia y dedicación.

Los adultos que dedican su vida a la ciencia nunca dejaron de hacerse preguntas y tratar de entender el fondo de las cosas; No se conforman con la respuesta de que las cosas son así y punto. La investigación científica es, luego, un deporte de creatividad y curiosidad que nos ha permitido comprender cómo brillan las estrellas, por qué la escaparate se vuelve roja durante un decliver solar total y muchos otros misterios que nos acompañan desde hace milenios.

Sin incautación, quedan muchas preguntas por reponer, probablemente más que ayer considerando que cada respuesta trae nuevas preguntas. A diferencia de representar un inconveniente, esto es quizás lo más fascinante de la ciencia, porque cuando parece que tenemos la última palabra sobre una clavo, abre un nuevo conjunto de misterios para resolver.

(Encima: el postrero panda cíclope europeo vivió en Bulgaria hace 6 millones de abriles).

Parafraseando a Einstein, es importante no dejar de hacer preguntas. Estas preguntas, que en la mayoría de los casos emanan de la investigación básica, conducen a grandes descubrimientos, que a su vez conducen a cambios notables. Los avances tecnológicos que hoy nos rodean son gracias a personajes que simplemente querían entender más; es la utilidad del conocimiento inútil. Satisfacer la curiosidad requiere tiempo y esfuerzo; Por lo tanto, la investigación básica requiere paciencia y dedicación.

Lo mejor para la ciencia es que la frase “la curiosidad mató al sagaz” está cayendo en el olvido. A posteriori de todo, la frase flamante «el cuidado mató al sagaz», que se refiere al hecho de que el exceso de atención médica podría dañarlo, fue una expresión utilizada por primera vez por los dramaturgos británicos Ben Jonson y William Shakespeare a fines del siglo XVI.

SANTIAGO VARGAS
Doctorado en Astrofísica Observatorio Cuantioso
de la universidad doméstico

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